¿Un diseño que rechaza al usuario?


Leí una nota llamada Why Portland’s Public Toilets Succeeded Where Others Failed y pensé en comentarla aquí. Los baños públicos de Portland son un éxito, en resumen, porque no tienen problemas de mantenimiento y son extremadamente resistentes. ¿Pero por qué? Porque antes de diseñarse tomando en cuenta al usuario (un peatón) y al objeto (el baño), se diseñaron tomando en cuenta los usos correctos e incorrectos que el usuario históricamente le da al objeto.

El equipo de diseño realizó una investigación de por qué no funcionaban los baños públicos en ciudades similares (para tener claro lo que no había que hacer) y llegaron a la conclusión de que el diseño estaba totalmente mal, pues trataba de ser confortable y privado, y eso es justo lo que los arruinó. Los baños de Seattle o San Francisco eran destruidos y las personas los usaban para otras cosas, excepto para baño.

Así que en Portland, el brief de diseño era: quien use el baño debe querer salir lo antes posible. Sigue leyendo

Idealizando nuestra personalidad en los medios sociales

Cuando estamos en un evento social y se acerca un fotógrafo para preguntarnos que si nos puede tomar una foto para el periódico, no sacamos la panza y hacemos cara de bobos. Seguramente hacemos lo opuesto: nos preocupamos por no parecer jorobados y esperar que no salgamos con cara de voy a estornudar. A veces publican la foto; ahí nos damos cuenta si salimos bien o no. No tenemos control. Si salimos muy mal, pensamos, así no me veo realmente, ¿o sí?

Sin contar a los mejores amigos, casi siempre tratamos de controlar cómo nos ven los demás, cuál es la imagen que proyectamos. Esta es nuestra marca personal. Las compañías y sus productos tienen marcas: de eso viven; las transmiten a través de las cualidades de sus artículos y del tono en su comunicación: sus anuncios, los modelos que seleccionan, los colores, los precios, los medios en donde aparecen, etc. Nosotros cuidamos y comunicamos nuestra marca de una forma mucho más minuciosa que las compañías, sólo que no siempre somos conscientes de ello. Sigue leyendo

Sada y el bombón o la gracia de tener algo propio


Para bien o para mal, trabajar en una agencia de diseño y publicidad significa ser un intermediario; somos meros proveedores, ofrecemos servicios a quien nos lo pide. A veces logramos ofrecer muy buenos servicios, pero aún así seguimos siendo meros proveedores.

El producto final que promocionamos nunca depende enteramente de nosotros. Le podemos encontrar el mejor atributo a cierto producto, sacarle una foto linda, redactar algo sugerente, diseñar algo atractivo y generar un discurso para que el trabajo se replique en otras áreas, pero hasta ahí; podemos generar valor, pero no podemos cambiar las características intrínsecas del producto. Y cuando nos piden trabajar sobre un servicio, pues peor; podemos darlo a conocer, pero nunca ser la persona que da el servicio.

Y eso está muy bien, por lo menos para mí, pues trabajar sólo en una parte del proceso ayuda a controlar mis obsesiones y mi carácter aprensivo. Respondo únicamente por lo que hago; por salud mental, me dejo de preocupar por lo demás.

Sin embargo, parece que aquí en el taller tendemos a la enfermedad mental. Y me parece que de esa tendencia nace Sada y el bombón. Sigue leyendo

Nuestra red social es…

Revista Sada y el bombón
No es Facebook ni Twitter ni YouTube. Ni siquiera se parece a ellas. La red social de se llama Sada y el bombón. Es una revista inventada por nosotros que trata sobre la vida urbana en el centro de México. Nos divertiremos con ella y nos relacionaremos con lo que pasa a nuestro alrededor haciéndola. Las primeras discusiones iniciaron en mayo y el primer número de la revista se publicó hoy [30 de noviembre]. Algunos extractos de la polifonía del proceso, lo que discutíamos entre todos en nuestros Waves de la revista, están aquí:

Mayo 20 Lo primero que tengo anotado es la filosofía de la revista: su postura ante el mundo editorial y ante el mundo en general. Qué pretende, a dónde quisiera llegar, cómo se debe leer. He leído de todo: que crear una revista es muy fácil, que hay muchos apoyos, que es imposible, el suicidio, un capricho para quedarse en banca rota, sin un peso.

Mayo 24 Construir una revista me entusiasma mucho. Aunque no nos veamos en la oficina y haya pendientes más «importantes», trataré de trabajar en esto. Sigue leyendo