Henos aquí… Un día en el taller

Escritorio Daniel

Heme aquí, siendo entrevistado por Jacobo, Lalo y Mao para entrar a trabajar a Taller-Sé (siendo sincero, esa fue la primera entrevista que tuve). El típico nervio traicionero, emoción por un lado y sensaciones tracaleras por otro… En fin, esa entrevista se convirtió en una plática natural y amena. Y quedé contratado.

Ahora, tras ya un tiempo en Taller-Sé, conocer a Sada y esconderme del bombón, camino por las mañanas para llegar al taller. Entro y el «¡hola!», «¡hola!», «¡hola!» se hace presente. Enciendo la herramienta de trabajo, reviso el moleskine con los pendientes de la tarde anterior, y empiezo a laborar.

Aquí en el taller habemos 3 de café y 5 de té. De café, lo clásico: americano sin azúcar, directo de la prensa francesa. De té, varios: limón, mate, verde, manzana con canela, momentos suaves (?), entre muchos otros.

En el transcurso del día recibo correos, briefs, encargos y modificaciones de materiales. El mail y el Rizzoma se vuelve la sala de juntas virtual: opiniones, ideas, bocetos y hasta alguno que otro chistecillo suele colarse por ahí. Entre la música de Jacobo y la voz de Julia y Mao Aguilera en el teléfono, se escuchan los rezos de Lalo y Luis leyendo en voz baja. Denisse –mi compañera de mesa de trabajo– en silencio y abstraída clica el ratón…

Al terminar el día, acuerdo una mini junta para compartir avances, comentar las variables en turno y discutir posibles mejoras. Después de todo esto, se programa por la noche en casa de Lalo las retas de tenis de mesa que posiblemente perderé…

¿Cómo se determina el precio?


Un fragmento del libro de Alessandro Baricco, Next – Sobre la globalización y el mundo que viene:

Estaba pensando en este bonito ejemplo: cuando un ciudadano estadounidense compra por diez mil dólares un Pontiac Le Mans de General Motors, tres mil dólares van a Corea del Sur para los trabajos mecánicos y para las operaciones de ensamblaje, mil setecientos cincuenta van al Japón para componentes de alta tecnología, setecientos cincuenta a Alemania para el diseño y para el proyecto de las partes mecánicas, cuatro mil a Taiwan, Singapur y Japón para los pequeños componentes, doscientos cincuenta al Reino Unido para publicidad y servicios comerciales, y otros cincuenta a Irlanda y a Barbados para la elaboración de cálculos con ordenador. Es un cómputo elaborado hace unos diez años por Robert B. Reich.

El medio hace a la noticia

Con los siguientes once ejemplos queda clara la importancia de un medio en la transmisión de una noticia. ¿Es el medio realmente un medio para comunicar algo? ¿O es el medio un fin? ¿Está bien que el medio transforme la noticia a su manera de pensar, incluso cuando esto signifique cambiarle un poco —o mucho— el significado? ¿Quién dice qué es poco y qué es mucho? ¿Qué piensan de que el medio defina el contenido (es decir, de que la forma defina la función)?

La noticia es que, hace unos días, Obama dio su punto de vista sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Los medios hicieron una lectura de sus palabras de maneras muy distintas, algunas casi opuestas. Veamos:

ABC es muy directo y repite casi las mismas palabras que Obama usó:

Fox hace una lectura totalmente distinta:

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Sobre la necesidad de desconectarse

Trabajas. Recibes un mensaje de texto en tu celular; lo respondes por Twitter, mensaje directo. La respuesta por DM va acompañada de una mención que alguien lee y entonces te hace una pregunta por el chat de tu Blackberry. Así inicia la conversación.

Mientras, tienes abiertas 12 pestañas en la pantalla, incluyendo tus 3 correos, Facebook (¿alguien te está hablando por el chat?), Flickr, y 8 pestañas más entre periódicos, blogs, y algunos links que te pasaron. Por supuesto, el trabajo va lento. Tuiteamos, nos mensajeamos, escuchamos alguna otra cosa y leemos la pantalla. Sin duda, la época del multitasking. Una necesidad obsesiva por estar en contacto. Por enterarnos quién favoriteó nuestro último tuit. Por informarle a conocidos y desconocidos dónde estamos, todo el tiempo. Por revisar nuestro correo cada 5 minutos. Por contarle a nuestras amigas el último chisme, con ayuda de Twitter, correo y mensajes de texto. Simultáneamente.

Quizá siempre hayamos tenido esa necesidad de estar en contacto con los demás. Quizá sea algo inherente a nuestra naturaleza social y ahora que hemos llegado a esta época de movilidad absoluta podemos aprovecharlo. Pero, ¿no necesitamos un poco de aire, de silencio, de tiempo para respirar? Sí, por nuestra salud  mental (aunque eso ya dependerá del aguante de cada quién), pero también por el bien de nuestra creatividad.

En medio de tanto ruido, y exceso de información trivial, ¿no estaremos limitando potenciales ideales, pensamientos reales, reflexiones?

El ciclo de vida de la comunicación


¿Cuál será la vida útil del dispositivo en el que estás leyendo esto? ¿Cuánto dura la lista de la compra que está en tu bolsa, el email que ves en tu pantalla, la computadora que está en tu escritorio? ¿Por cuánto tiempo conservarás la pila de publicaciones en tu oficina, los libros en tu biblioteca? ¿Cuánto tiempo desean los museos conservar los documentos históricos que resguardan? Todo lo que hacemos y todo lo que vemos tiene una vida util determinada, y esto deteriora o aporta a la calidad de vida propia y colectiva.

Los ciclos de vida se hacen cada vez más cortos, sobre todo en los medios y aparatos electrónicos. Aunque los documentos en papel son menos actualizables, se puede acceder a ellos igual que se hacía hace cien años e igual que se podrá hacer en el futuro. La lectura y el uso de los formatos electrónicos, sin embargo, depende de la actualización constante de software y hardware (¿cómo leer lo que escribiste hace 15 años en un floppy? ¿Sabes que es un floppy?).

¿Cuánto duran los dispositivos de comunicación más comunes? Algunos datos (con sus excepciones, claro):

Email: unos segundos.
Post-it: de unos minutos a unas horas.
Periódicos: de unas horas a unos días.
Revistas: hasta seis meses.
Teléfono celular: 9-18 meses.
Computadora: 3-5 años.
Sitio web: 1-3 años.
PDF: 18 años (hasta ahora).
Libro en biblioteca: 23 años (promedio).
Carta de amor: 66 años.
Biblia de Gutemberg: 557 años ( y contando)

Inspirado en: This is Ed. N0. 13 Balance. New Page