Sobre la necesidad de desconectarse

Trabajas. Recibes un mensaje de texto en tu celular; lo respondes por Twitter, mensaje directo. La respuesta por DM va acompañada de una mención que alguien lee y entonces te hace una pregunta por el chat de tu Blackberry. Así inicia la conversación.

Mientras, tienes abiertas 12 pestañas en la pantalla, incluyendo tus 3 correos, Facebook (¿alguien te está hablando por el chat?), Flickr, y 8 pestañas más entre periódicos, blogs, y algunos links que te pasaron. Por supuesto, el trabajo va lento. Tuiteamos, nos mensajeamos, escuchamos alguna otra cosa y leemos la pantalla. Sin duda, la época del multitasking. Una necesidad obsesiva por estar en contacto. Por enterarnos quién favoriteó nuestro último tuit. Por informarle a conocidos y desconocidos dónde estamos, todo el tiempo. Por revisar nuestro correo cada 5 minutos. Por contarle a nuestras amigas el último chisme, con ayuda de Twitter, correo y mensajes de texto. Simultáneamente.

Quizá siempre hayamos tenido esa necesidad de estar en contacto con los demás. Quizá sea algo inherente a nuestra naturaleza social y ahora que hemos llegado a esta época de movilidad absoluta podemos aprovecharlo. Pero, ¿no necesitamos un poco de aire, de silencio, de tiempo para respirar? Sí, por nuestra salud  mental (aunque eso ya dependerá del aguante de cada quién), pero también por el bien de nuestra creatividad.

En medio de tanto ruido, y exceso de información trivial, ¿no estaremos limitando potenciales ideales, pensamientos reales, reflexiones?

Acentos Perdidos

¿Por qué poner acentos? Porque son parte del encanto de los idiomas. Porque no es lo mismo mas que más. Porque aveces nos cuentan la historia de una palabra. Porque no podemos sucumbir al español de los mensajes de texto. Porque las palabras se ven raras sin ellos. Porque están en extinción.

Hace dos semanas, por iniciativa de Acentos Perdidos y Si Lees se Nota nos reunimos a poner acentos. Sí, a recorrer las calles de Querétaro en busca de palabras que sin acento “se ven raras”. Fue así como optica pasó a ser óptica, fotografica se convirtió en fotográfica, secretaria cambió por completo su sentido a Secretaría. Quizá no aprendimos las reglas de acentuación pero confiamos en que alguno de los autores de los letreros intervenidos se haya preguntado ¿por qué poner acentos?

Imprime tus acentos aquí

Si lees se nota.

Nan Goldin

Ver las fotografías de Nan Goldin es sentirse como un voyeur. Las situaciones son demasiado comunes, las personas demasiado reales, los encuentros demasiado personales. Nos adentramos entonces, como mirones, en cuartos de hotel, en camas, en fiestas entre amigos.

Nan Goldin es una de las fotógrafas americanas más representativas de los años 90. Sus retratos hablan de las relaciones entre las personas desde adentro. Goldin logra entrar a las situaciones más personales y mostrarlas de la forma más natural. Sus fotografías tienen esa cualidad espontánea de las fotografías instantáneas. Aún cuando no hay poses, no hay perfección; al contrario, hay defectos, hay realidades. Hay drogadictos, prostitutas y adictos. Hay parejas en momentos clave de una relación. La barrera entre lo privado y lo público se rompe invitando al espectador a ser parte de la escena, a conocer a los personajes, amigos de la fotógrafa, y participar en sus encuentros, a menudo tristes.

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