La noción de diseño

Existe una enorme diferencia entre la naturaleza y la conciencia del diseño. Como dijimos en este suplemento –encartado en la edición 16 de nuestra revista Sada y el bombón– el diseño existe aún sin, o incluso a pesar de, los diseñadores. El diseño es una forma de pensar. Lo dijo aquí mismo Daniel Bravo: «se diseña todo el tiempo».

Salvador Elizondo escribe sobre la noción de diseño en uno de los textos de su libro-periplo Estanquillo:

[…] la noción de diseño; una noción que en nuestros días, por urgencia de su exhaustivo empleo como slogan publicitario sinónimo de alta calidad –lo que es una estupidez de mala fe comercial– ha perdido su significado original.

La noción de diseño es como la de proporción o la de temple, una de las nociones derivadas de la noción general de Armonía formulada por Pitágoras doscientos años antes de Platón. Está íntimamente ligada al proceso creativo de todas las artes y, de hecho, a toda la producción humana. De una manera sutil puede ser discernido también en todos los procesos naturales. Se percibe en todas las cosas por pura sensibilidad si la hay o por la aplicación de análisis matemático. No es el caso hacer aquí una exposición detallada de una noción que en el Webster tiene nueve artículos sinónimos con más de cien acepciones. Para los efectos de la crítica podemos suponer que el diseño es la perfección de la cosa anterior a la cosa misma; en otras palabras el grado de perfección con el que se adecuarán la función y la forma de la cosa; la finalidad de la cosa perfectamente prevista en su proyecto. Todas las cosas, especialmente las que hace el hombre, tienen una finalidad y por lo tanto un mayor o menor grado de diseño para alcanzarla. El diseño óptimo es el de la cosa que alcanza el objetivo para el que fue hecha en forma absoluta. A todas las cosas subyace una fórmula de diseño específica con variables circunstanciales y un caso ejemplar lo demuestra: a principios de este siglo se diseña en Inglaterra un automóvil para que solamente el menor número de ingleses puedan tener. En 1936 Hitler manda diseñar un coche que, en 1939, todos los alemanes puedan comprar. La fórmula de diseño se cumple cabalmente en el Rolls-Royce tanto como en el Volkswagen. La fórmula general es la misma para ambos. Las variables, en este caso, son de orden socioeconómico o político, que en el fondo es lo mismo. Algunas cosas de arte pretenden carecer de diseño en la medida en que su hacedor no les asigna ninguna finalidad. Tal es el caso de la poesía pura en la que unos ven ausencia total de diseño y otros solamente diseño puro sin función.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s