Lalo: la palabra es el resultado de nuestra civilización


De los siete integrantes del taller, Eduardo es el cuarto en esta serie de entrevistas. Lalo ha pasado por tres etapas: el Montessori, la natación y la literatura. El Lalo de hoy, el de , es el de la literatura, el que otorga los acentos a este taller. Su tono es profundamente personal; cuando lees un texto suyo no te puedes confundir: estás leyéndo un Lalo.

También disfruta el cine de alta costura —ese al que no todos le encuentran sentido o disfrutan— y siente una fascinación por las farsas. ¿Puede combinar estos gustos con su trabajo diario aquí? Veamos la entrevista.

¿Qué haces en , cuál es tu trabajo?
Soy una especie de escritor.

¿Qué especie?
Escribo con fines publicitarios. Bueno, no siempre con fines publicitarios, pero siempre considero que una gran masa estará leyendo lo que escribo.

¿Qué significa escribir para una agencia de publicidad?
Es raro. Jude Law, en Closer, decía que escribir obituarios es como el Siberia de los reporteros. Yo no estoy en Siberia, lo que escribo lo leerán cinco, diez, cincuenta mil personas, es justo lo opuesto; escribir publicidad es como el Las Vegas de los escritores.

¿Te gusta?
Me gusta mucho. No hay poetas, acá nadie se preocupa por escribir una metáfora ininteligible, no hay ese tipo de complejos. Además el mundo de la publicidad es un poco más amplio que el mundo cultural, y definitivamente más ancho que el mundo académico. Escribo, creo, con un poco más de soltura; lo único que tengo que hacer es escribir con claridad, tratar de que esas cincuenta mil personas entiendan exactamente lo mismo.

¿Entonces es más fácil?
No sé, es distinto, los puntos de vista son distintos: el buen escritor termina siempre siendo trágico, el buen publicista debe ser cómico. El poeta mira para adentro, el publicista mira para afuera; el poeta puede escribir frases enigmáticas como «un gato cruza el puente de la luna», mientras el publicista debe tener un lenguaje claro, verídico, específico y relevante. Lo que tienen que tener los dos, eso sí, es cierta gracia.

¿Gracia?
Sí, escribir un texto que tenga gracia. Y no gracia de chistoso, sino una gracia que haga que la lectura sea una sensación y no sólo pura información. Un espectacular, un anuncio de radio, un folleto, un sitio web, lo que sea, debe comunicar los atributos de un producto o servicio, pero lo debe hacer con cierta gracia. No es lo mismo decir «lee la revista Sada y el bombón» que «lee la revista, discute con Sada, coquetea con el bombón». Dan más ganas de leer esa revista si sabes que además puedes discutir y sentirte coqueteado.

¿Cómo te inspiras?
No, no me inspiro. Por supuesto que la tranquilidad, el silencio, la lectura y las cervezas me relajan un poco, me concentran y me ayudan a escribir, pero no creo en la inspiración en el sentido del advenimiento de las musas. Acá decimos que somos un taller y no una agencia, y sí: escribir es ante todo un oficio; como un carpintero, tallamos la palabra hasta que encontramos el adjetivo perfecto, la preposición ideal, la mejor estructura sintáctica. Tallar y tallar hasta que la palabra embone de forma exacta con las otras.

¿Qué te gusta de trabajar en ?
Uy, si me permites, quisiera extenderme en esta respuesta.

Sí, te permito.
Gracias. Me gustan muchas cosas. Primero, la forma de trabajo: la excesiva atención al detalle –una minuciosidad que sólo he visto aquí–, la sinceridad puesta en cada proyecto, así sea un proyecto al parecer ínfimo, el ánimo con el que se hacen las cosas, el franco deseo por buscar el mejor camino posible.

Segundo, el ambiente. Para empezar, el taller está a diez cuadras de mi casa. Todos los días me vengo caminando por estas calles del centro de Querétaro, paso por un café, por un pan de las madres Clarisas y llego a una oficina que ha llegado también de buen humor: Mauricio preparando café, Jacobo poniendo música, etc. El diálogo que se genera adentro del taller es también parte del ambiente. Tres tomamos café, cuatro toman té; tres somos menores de 30 años, uno se acerca ya más a los 50; unos piensan con imágenes, otros con palabras, otros con ejemplos; unos defienden su punto con libros y teorías, otros con viajes y experiencias. No hay nada como dialogar, sobre todo si es con alguien que tiene sentido del humor, y acá todos lo tienen.

Y tercero, el aprecio que siento que me tiene. El valor que le da a la escritura. Escribir parece a veces tan fácil que cualquiera abre su Word, balbucea tres o cuatro palabras y piensa que ya tiene ahí un slogan. O peor: propones un texto bien pensado, bien articulado y no falta alguien que se sienta corrector de estilo y quite comas, ponga signos de admiración, modifique tiempos verbales y cambie dos o tres adjetivos. Una cosa es ser letrado, otra muy distinta trabajar y vivir de esas letras. le da valor a la palabra, y eso lo aprecio muchísimo. La palabra, a fin de cuentas, es el resultado de nuestra civilización y también, creo, es nuestra mejor esperanza.

Acabo de leer, pero ya se me olvidó en dónde, que escribir es inventarse, y al inventarse, descubrirse. Escribir es recobrarse. Lo que más me gusta de trabajar en es que aquí aprecian ese mecanismo: nos inventamos, nos descubrimos, nos recobramos.

¿Qué le sugerirías a para el futuro?
Tener la paciencia y el estoicismo para conseguir y trabajar en proyectos que a todos nos satisfagan. En el mundo de los medios de comunicación, a veces es un poco difícil vender inteligencia y creatividad, por eso sugiero seguir con la paciencia y continuar confiando en el trabajo bien hecho, minucioso y responsable.

¿De qué trabajo te sientes orgulloso? Muéstranos un trabajo tuyo.
Me gustó haber llegado a la frase «Sí, es Querétaro» que se utilizó hace ya mucho en una campaña turística. Sobre todo cuando vi que todo el estado la asumió como si la frase ya existiera. También me gusta mucho escribir y editar Sada y el bombón. Me gustó, por ejemplo, haberme inventado y darle forma al personaje del bombón. Me gusta cuando asumo ese personaje y escribo y respondo cartas. Me encanta mi lado femenino, me gusta sentirme lesbiano.

Creo que, por tu propio bien, ha llegado el momento de terminar con esta entrevista.
Dices bien. Hasta luego.

3 pensamientos en “Lalo: la palabra es el resultado de nuestra civilización

  1. Me encantó “tallar la palabra” sigue en esa búsqueda de lo mejor y siempre disfrutando! Te quiero!

  2. …las letras destinadas a los horrores de la publicidad y la mercadotecnia me hacen querer suicidarme….

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